La gran promesa de los 5 Primeros Sábados y sus condiciones

Lo más asombroso de Pontevedra es, por supuesto, la incomparable promesa de Nuestra Señora: “A todos aquéllos que el primer sábado de cinco meses consecutivos…” cumplan todas las condiciones pedidas, “Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”. Con generosidad ilimitada, la Santísima Virgen promete aquí la gracia de las gracias, la más sublime de todas las gracias, la de la perseverancia final. Esta gracia no puede ser merecida, aún por una vida entera de santidad empleada en oración y sacrificio, porque ésta es siempre un don puramente gratuito de la Misericordia Divina. Y la promesa es sin ninguna exclusión, limitación o restricción: “A todos aquéllos que … Yo les prometo”.
La desproporción entre “la pequeña devoción” pedida y la inmensa gracia que trae, nos revela, en primer lugar y especialmente, el poder casi infinito de intercesión otorgado a la Santísima Virgen María para la salvación de todas las almas. “La gran promesa (escribe el Padre Alonso) no es otra cosa que una nueva manifestación de este amor complaciente que la Santísima Trinidad tiene por la Santísima Virgen. Para aquéllos que entienden tal cosa, es fácil aceptar que tales promesas maravillosas pueden estar ligadas a tan humildes prácticas. Esas almas aceptan la promesa con amor filial y un corazón sencillo, llenas de confianza en la Santísima Virgen María”.
En resumen, podemos decir con toda veracidad que el primer fruto de la Comunión Reparadora es la salvación del que la practica. No le pongamos ningún límite a la Misericordia Divina, más bien sigamos al pie de la letra la promesa de la Santísima Virgen María: Cualquiera que cumpla todas las condiciones expuestas puede estar seguro de obtener, al momento de la muerte al menos, y esto aún después de retrocesos miserables al estado de pecado grave, las gracias necesarias para obtener el perdón de Dios y estar protegido del castigo eterno.
Como veremos, sin embargo, hay mucho más en esta promesa, porque el espíritu misionero está presente por doquier en la espiritualidad de Fátima. La devoción de Reparación es también recomendada a nosotros, como un medio para convertir a pecadores que puedan estar ante el mayor peligro de condenarse y como el medio más eficaz de intercesión del Corazón Inmaculado de María para obtener la paz del mundo.
Si Nuestra Señora quiso otorgar tan abundantes frutos a la práctica de esta “pequeña devoción”, ¿no fue para ganarse nuestra atención con más seguridad y mover nuestro corazón para que podamos practicarla, y logremos cuando podamos que otros a nuestro alrededor la practiquen? Para este objetivo, es importante estar familiarizado con las condiciones expuestas y tener un conocimiento preciso de ellas.
Desde 1925, la Hermana Lucía no ha dejado de repetirlas, y siempre con los mismos términos. Son cinco condiciones, a las cuales se añade una sexta, que se refiere a la intención general con la cual los otros actos pedidos deben hacerse.
 

1. El Primer Sábado de cinco meses consecutivos
“Todos aquéllos que el primer sábado de cinco meses consecutivos…”
Este primer requisito del Cielo no contiene nada arbitrario, ni nada absolutamente nuevo. Cabe dentro de la tradición inmemorial de piedad católica que, habiendo dedicado los viernes para recordar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y honrar a Su Sagrado Corazón, encuentra muy natural el dedicar los sábados a Su Santísima Madre. Esa es la tradición venerable que motivó la selección del sábado.
Pero esto no dice lo suficiente: Si miramos más de cerca, el gran pedido de Pontevedra aparece como la culminación feliz de un movimiento de devoción completo. Empezó espontáneamente, luego fue alentado y codificado por Roma, y no parece ser otra cosa que la preparación providencial para lo que estaba por venir.
Los Quince Sábados en honor de Nuestra Señora del Santísimo Rosario. “Durante mucho tiempo, los miembros de las varias cofradías del Rosario tuvieron la costumbre de dedicar quince sábados consecutivos a la Reina del Santísimo Rosario, an- tes de esta fiesta o en alguna otra época del año. En cada uno de estos sábados, ellos recibían los sacramentos y realizaban ejercicios piadosos en honor de los quince misterios del Rosario”. En 1889, el Papa León XIII concedió a todos los Fieles una indulgencia plenaria para uno de estos quince sábados consecutivos. En 1892, “también concedió a aquéllos que estaban legítimamente impedidos el sábado, la posibilidad de realizar este ejercicio piadoso el domingo, sin perder las indulgencias”.
Los Doce Primeros Sábados del mes. Con San Pío X, la devoción de los primeros sábados del mes fue aprobada oficialmente: “Todos los Fieles que el primer sábado o el primer domingo de doce meses consecutivos, dediquen algún tiempo a la oración vocal o mental en honor de la Virgen de la Inmaculada Concepción ganan, en cada uno de estos días, una indulgencia plenaria. Las condiciones son: confesión, comunión y oración por las intenciones del Soberano Pontífice”.
La Devoción de Reparación los Primeros Sábados del mes. Por fin, el 13 de junio de 1912, San Pío X concedió nuevas indulgencias a prácticas que casi exactamente anticipan los pedidos de Pontevedra: “Para promover la piedad de los Fieles hacia María Inmaculada, la Madre de Dios, y para hacer Reparación por los ultrajes de hombres impíos a Su Santísimo Nombre y a Sus privilegios, San Pío X concedió, al primer sábado de cada mes, una indulgencia plenaria, aplicable a las almas del purgatorio. Las condiciones son: confesión, comunión, oración por las intenciones del Soberano Pontífice, y ejercicios piadosos con el espíritu de Reparación en honor de la Virgen Inmaculada”. Exactamente cinco años más tarde, después de este 13 de junio de 1912, aconteció en Fátima la gran manifestación del Corazón Inmaculado de María, “rodeado con espinas que parecían traspasarlo”. La Hermana Lucía dijo después: “Entendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, que quería Reparación”.

El 13 de noviembre de 1920, el Papa Benedicto XV concedió nuevas indulgencias a esta misma práctica, cuando es realizada el primer sábado de ocho meses consecutivos.
Una Devoción tradicional… ¡Qué maravilloso es ver el Cielo contento por la coronación de un gran movimiento de piedad católica, no haciendo nada más que dar precisión a las decisiones de un Papa, y qué Papa, San Pío X! De la misma manera, la Santísima Virgen había venido a Lourdes a confirmar las declaraciones infalibles del Papa Pío IX.
Digamos esto ahora también: Al pedir al Papa la aprobación solemne de la devoción de Reparación revelada en Pontevedra, Nuestra Señora realmente no estaba pidiendo nada imposible. La Providencia había preparado todo tan bien que en 1925 – 1926 esta devoción concordaba perfectamente con una serie de decisiones papales que fueron precursoras y “presagiaban” la devoción del primer sábado.
No obstante, una Devoción novísima… Sin embargo, ¡qué nuevos elementos encontramos en este mensaje de Pontevedra! Y en primer lugar, en la concesión de facultades excesivas que solamente el Cielo puede tener la libertad de conceder: El 10 de diciembre, la Virgen María ya no pide quince, doce, o aún ocho sábados de dedicación a Ella. Sabe de nuestra falta de constancia y pide solamente cinco sábados, tantos como las decenas de nuestros Rosarios.
Pero es sobre todo, la promesa unida a esta devoción que ha aumentado dramáticamente: Ya no es un asunto de indulgencias (o sea, la remisión del castigo por pecados ya perdonados), sino de una gracia mucho más notable, la de la certeza de recibir al momento de la muerte “todas las gracias necesarias para la salvación”. Es difícil imaginar una promesa más maravillosa, porque se refiere al éxito o al fracaso en “el asunto más importante, nuestro único asunto: El gran asunto de nuestra salvación eterna”.
 
2. Confesión
Hemos visto que no es necesario hacer la confesión el primer sábado. Debido a cualquier necesidad, ésta puede hacerse aún después de ocho días, pero debe haber por lo menos una confesión mensual. Sin embargo, es cierto que, en cuanto sea posible, es preferible que la confesión se haga un día cercano al primer sábado.
El pensamiento de hacer Reparación al Corazón Inmaculado de María debe estar presente igualmente. De esta manera, dice el Padre Alonso: “El alma añade al motivo principal de arrepentimiento por nuestros pecados, que siempre será el de que el pecado es una ofensa contra Dios, Quien nos ha redimido en Cristo, otro motivo de arrepentimiento, que sin duda tendrá una influencia beneficiosa: Arrepentimiento por la ofensa contra el Corazón Inmaculado y Doloroso de la Virgen María”.
 
3. La Comunión Reparadora de los Primeros Sábados
La Comunión Reparadora, por supuesto, es el acto más importante de la devoción de Reparación. Todos los demás actos están concentrados alrededor de ella. Para entender su significado e importancia, debe considerarse en relación con la Comunión milagrosa del otoño de 1916; esta comunión ya estaba completamente orientada hacia la idea de Reparación, gracias a las palabras del Angel. La Comunión Reparadora también debe considerarse en relación con la Comunión de los nueve Primeros Viernes del mes, pedida por el Sagrado Corazón en Paray-le-Monial.

Alguien podría objetar: Recibir la Comunión el primer sábado de cinco meses consecutivos es casi imposible para muchos de los Fieles que no tienen Misa en su parroquia ese día … Es la pregunta que el Padre Gonçalves, el confesor de Lucía, le hace en una carta del 29 mayo de 1930:
“Y quien no pueda cumplir todas las condiciones el sábado, ¿no puede hacerlo los domingos? La gente del campo por ejemplo no podrá muchas veces por vivir lejos…”
Nuestro Señor le dió la respuesta a la Hermana Lucía la noche del 29-30 de mayo de 1930: “Será igualmente aceptable la práctica de esta devoción el domingo siguiente al primer sábado, cuando Mis sacerdotes, por justos motivos, así lo concedan a las almas.” Entonces, no sólo la Comunión, pero también la recitación del Rosario y la meditación sobre los misterios, pueden transferirse al domingo, por motivos justificados que los sacerdotes deberán juzgar. Es fácil pedir este permiso durante la confesión. Note otra vez el carácter católico y eclesial del Mensaje de Fátima. Es a Sus sacerdotes, y no a la conciencia individual, que Jesús da la responsabilidad de otorgar esta concesión adicional.
Después de tantas concesiones, ¿quién podría argüir todavía que no pudo cumplir los pedidos de la Virgen María?
 
4. Recitación del Rosario
En cada una de las seis apariciones en 1917, Nuestra Señora le pidió a la gente que recitara el Rosario todos los días. Como se trata de hacer Reparación por las ofensas cometidas contra el Corazón Inmaculado de María, ¿qué otra oración vocal pudiera ser más grata para Ella?
 
5. La Meditación de quince minutos sobre los Quince Misterios del Rosario
Además de la recitación del Rosario, Nuestra Señora pide quince minutos de meditación sobre los quince misterios del Rosario. ¡Esto no significa, por supuesto, que se necesita un cuarto de hora para cada misterio! ¡No se necesita más que un cuarto de hora en total! Tampoco es indispensable meditar cada mes sobre los quince misterios. Lucía le escribe al Padre Gonçalves: “Para acompañar a Nuestra Señora por quince minutos, mientras se medita sobre los misterios del Rosario”. A su madre, María Rosa, Lucía le escribió esencialmente lo mismo el 24 de julio de 1927, sugiriéndole sólo una meditación sobre algunos de los misterios, que pueden escogerse libremente:

“Quería también que me diese ud. el consuelo de abrazar una devoción que sé le gusta al Señor y que fue nuestra querida Madre del Cielo Quien la pidió. En cuanto la conocí deseé hacerla mía y trabajar para que todos los demás la aceptasen. Espero, por lo tanto, que usted me contestará diciendo que la aceptó y que va a procurar para que todas las personas que ahí van la abracen también. Nunca podrá darme mayor consuelo que éste. Solamente consiste en hacer lo que va escrito en esa estampa. La confesión puede ser otro día; los quince minutos (de meditación) es lo que puede parecerle más dificil.

“Pero es muy fácil: ¿Quién no puede pensar en los misterios del Rosario? En la Anunciación del Angel y en la humildad de Nuestra querida Madre que al verse tan exaltada se llama a sí misma esclava. En la Pasión de Jesús que tanto sufrió por nuestro amor. En nuestra Madre Santísima junto a Jesús en el Calvario. ¿Quién no puede con estos santos pensamientos, pasar quince minutos con la más tierna de las Madres?
Adiós, mi querida madre. Consuele así a nuestra Madre del Cielo y procure que muchos otros la consuelen también. De esta manera me dará a mí una incalculable alegría.
Su hija que le quiere y besa su mano.”

En esta hermosa carta, la Hermana Lucía insiste en la sexta condición, que es la principal: Cada una de estas devociones debe cumplirse “con el espíritu de Reparación”, hacia el Corazón Inmaculado de María: “Consuele de esta manera a nuestra Madre del Cielo…”, escribió ella.
 

6. La intención de hacer Reparación: “Tú, al menos, consuelame”.
Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que quiere hacer Reparación a Nuestra Señora para consolarla, todas estas prácticas externas son, por sí mismas, insuficientes para obtener la magnífica promesa. Esto es claro.
La práctica de la Comunión Reparadora debe ser atenta y ferviente. Así se lo explicó Nuestro Señor a la Hermana Lucía en Su aparición del 15 de febrero de 1926: “Es verdad, hija Mía, que muchas almas los comienzan, pero pocas los acaban, y las que los terminan, es con el fin de recibir las gracias en ellos prometidas. Las almas que hacen los Cinco Primeros Sábados con fervor y con objeto de desagraviar el Corazón de tu Madre del Cielo Me agradan más que los tibios e indiferentes que hicieran los quince…” Nuestra Señora nos pide tan poco, precisamente para que podemos hacerlo de todo corazón. Esto no significa que siempre será con mucho fervor sensible, según la gran máxima de la espiritualidad: “Tener la voluntad de amar es amar”.
Las breves palabras del Niño Jesús y de Nuestra Señora el 10 de diciembre de 1925 lo dicen todo. Son suficientes para hacernos entender el verdadero espíritu de esta devoción Reparadora:
“Mira, hija Mía, a Mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos a cada momento, Me clavan con blasfemias e ingratitudes… sin haber quien haga un acto de Reparación para quitárselas… Tú al menos, consuélame”

Esta imagen, que es tan expresiva, lo dice todo: Las blasfemias y la ingratitud de los pecadores son como muchas espinas crueles, que sólo podemos quitar mediante nuestros actos de amor y de Reparación. Porque el amor, o “la compasión”, es el alma de todas estas prácticas. Y así consolemos al Corazón Inmaculado de la “Madre más tierna”, que se siente muy ultrajado.
Lucía había entendido esto perfectamente en ese mismo momento. La parte final de su carta a Monseñor Pereira Lopes, donde ella describe la aparición del Niño Jesús del 15 de febrero de 1926, es un testimonio elocuente al respecto:
“Después de esto desapareció sin que haya sabido nada más hasta hoy sobre los deseos del Cielo.
“Y en cuanto a mis propios deseos, (ella continúa) puede que una llama de amor divino se encienda en las almas para que, sostenidas por este amor, ellas puedan realmente consolar el Corazón Inmaculado de María. Yo , por lo menos, tengo el deseo de consolar mucho a mi querida Madre del Cielo, al sufrir mucho por Su amor.”
Debe hacerse énfasis en la originalidad de este mensaje.
Porque aquí no hay duda, por lo menos en esencia, de consolar a la Santísima Virgen teniendo compasión por Su Corazón clavado por los sufrimientos de Su Hijo. Ciertamente, el Mensaje de Fátima presupone este aspecto de piedad católica, que ya es tradicional. El 13 de octubre de 1917, Nuestra Se- ñora de los Siete Dolores se les apareció en el cielo a los tres pastorcitos. Sin embargo, el significado más preciso de la devoción reparadora pedida en Pontevedra consiste no tanto en la meditación sobre los misterios dolorosos del Rosario, sino en la consideración de las ofensas que el Corazón Inmaculado de María recibe ahora de hombres ingratos y de blasfemos que rechazan Su mediación maternal y desprecian Sus prerrogativas divinas*. Todas éstas son muchas espinas que deben quitarse de Su Corazón mediante prácticas de amor y de Reparación, para consolarla, y también para obtener perdón para las almas que han tenido la audacia de ofenderla tan gravamente.
Nada puede ayudarnos a entender mejor el espíritu verdadero de la Reparación pedida por Nuestra Señora de Fátima que el recuento de una revelación importante hecha a la Hermana Lucía el 29 de mayo de 1930.