Bendición del nacimiento

En la Nochebuena

Todas las luces apagadas y menos las del nacimiento. Se canta un villancico

 

1.Papá o mamá: ( trae en brazos al niño Jesús y lo ponen en el pesebre). Y dice:
Hijos, acabamos de poner al niño Jesús en medio de nosotros. En medio de la oscuridad de las tinieblas… La luz era débil, poco se podía ver. Es el símbolo de la humanidad en situación de adviento, de espera y de expectativa. Ahora ha llegado el niño. Las tinieblas se han vuelto luz. La noche se volvió día. Esto es lo que significa Navidad: la fiesta de la luz, de la vida y del amor humanitario de nuestro Dios. Se ha encendido la luz. Ahora podemos ver todo: a Dios como Padre, a los otros como hermanos, al mundo como la herencia del padre nos da. Todo esto por causa del misterio de esta noche santa y anunciada. Ha nacido un sol que jamás tendrá un caso: Jesucristo, hijo eterno de Dios, nuestro hermano bien amado. Venimos aquí, al pesebre, para celebrarlo y adorarlo con los ángeles del cielo, con los hombres de la tierra y con toda la naturaleza.
2. Uno de los hijos dice:
¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! Este es el mensaje que dicen los ángeles, mensajeros de Dios. El niño revela la gloria de Dios. No la gloria de un rey, ni la de un rico, ni la de un fuerte. Es la gloria de Dios-niño, que es inocencia, candor, ternura y amor. Ante la inocencia, calla el poderoso para contemplar. Ante el candor, se inclina el violento para acariciar. Ante la ternura, el insensible abre su corazón para comunicarse. Ante el amor, todos se extasían y recobran la alegría de vivir. Esto es lo que sucede con la Navidad y con la gloria de Dios, que es la vida del hombre. Esta gloria de Dios-niño trae reconciliación y paz a la tierra. Vivimos en medio de conflictos de vida y muerte. Muchas veces no somos hermanos y con frecuencia somos enemigos. La Navidad produce, al menos por unos momentos, paz y reconciliación. Ante el pesebre nos sentimos hermanos hasta de los animales. Todos se confraterniza: el cielo luminoso de Los Ángeles con la tierra oscura de los hombres. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra los hombres de buena!
3. Dicen los hijos varones: (o un familiar)
En los campos de Belén había pastores. Fueron los primeros que recibieron la gran noticia del nacimiento de la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, Jesús. Fueron al portal creados por la luz y, al verla, se llenaron de alegría. Y comunicaron esta verdad que nos ha llegado hasta hoy: el Esperado por todos los siglos acaba de nacer. La gracia de Dios no abandonó la tierra de los hombres. ¡El Salvador está entre nosotros! Los pastores representan a toda la humanidad, especialmente a la parte de ella que Dios más ama: los pobres y los humildes de mundo. La Navidad crea esperanza en nuestro corazón: en el reino que ahora se inaugura no habrá más pobreza que ofenda a Dios y humille a los hombres. Este niño da esperanza a los desesperados, consuela a los tristes, enjuga las lágrimas de todos los que sufren penas de esta vida. Hermanos, os anuncio una buena noticia, motivo de gran alegría para todos: ¡hoy nos ha nacido el Libertador que es Cristo el señor!
4. Dicen las hijas (o un amigo de la familia que fue invitado)
Junto al pesebre descansan el buey y la mula. En los campos, las ovejas y los perros pastores. En el cielo las estrellas siguen su curso sin. Todo está bañado por la luz que surge de la cueva donde reposa el Niño, sobre unas pajas, sonriendo. La naturaleza no fue indiferente al nacimiento de Dios. Las historias antiguas cuentan que cuando todo estaba en profundo silencio y la noche iba por la mitad de su curso… entonces, de repente, hubo un gran resplandor en el cielo y Dios bajó a la Tierra. Había nacido el Verbo de la Vida. Entonces, las hojas de los árboles callaron como muertas. Entonces, el susurro del viento se suspendió en el aire. Entonces, el gallo que cantaba paró a mitad de su canto. Entonces, las aguas del riachuelo dejaron de correr. Entonces, las ovejas que pastaban y quedaron inmóviles. Entonces, el pastor que levantaba su cayado quedó como petrificado. Entonces, en ese momento, paró todo, se silenció todo, se interrumpió todo: nacía Jesucristo, nuestro Salvador y Señor de toda la creación. Toda la naturaleza reconoce, agradece, y se une a los hombres delante del pesebre. En medio de nuestras tinieblas nació la verdadera Luz, y la luz tiene más derecho que las tinieblas. Alegrémonos y Hermanemos con todos los seres del mundo.
5. Dice uno de los padres de familia, para bendecir el nacimiento:
Jesús, que fuiste niño como cualquiera de nosotros. Danos esta noche santa un alma de niño para que seamos sencillos, alegres, confiados, tiernos cariñosos con todos: con los hombres, nuestros hermanos, y con todos los seres de tu creación. Pero pedimos por Ti mismo que siendo hijo de Dios asumiste y consagraste todo y te hiciste nuestro hermano ahora y para siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Terminamos cantando un villancico.