Día 5: Novena de María Auxiliadora

Reflexión para el quinto día:
San Juan Bosco y las medallas de María Auxiliadora
La presencia de Don Bosco en la ciudad italiana de Génova está ligada a muchas anécdotas, historias y también algunos milagros como el que relata el sacerdote salesiano P. Mauricio Verlezza.
El P. Verlezza, responsable de la Obra de Don Bosco en Sampierdarena (Génova), desde donde salieron las primeras expediciones misioneras hacia Argentina, contó a ACI Prensa que el santo sacerdote celebró una Misa en 1872 en la que participaba una gran cantidad de benefactores.
Al final, y luego de escuchar su catequesis, todos pasaron por la sacristía de la Catedral de San Siro para recibir la bendición del fundador de los salesianos. A cada uno le obsequiaba una medallita de María Auxiliadora.
“Las medallitas que tenía en una pequeña bolsa eran muy pocas y el milagro fue que todos pudieron recibirla, pese a que la bolsita que el secretario le dio a Don Bosco realmente tenía poquísimas”.
Aquí, explicó también el sacerdote, “San Juan Bosco miraba sus sueños misioneros con un mapamundi que se conserva en el pequeño cuarto en el que reposaba durante su permanencia en Sampierdarena”.
Don Bosco siempre distribuía estampas y medallas de María Auxiliadora para propagar su devoción.
 
Novena a María Auxiliadora, recomendada por San Juan Bosco

  1. Rezar, durante nueve días seguidos, tres Padres Nuestro, Avemarías y Glorias con la siguiente jaculatoria: “Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento del Altar” y luego tres Salves con la jaculatoria: “María Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros”.
  2. Acercarse los Santos Sacramentos de Confesión y Comunión.
  3. Hacer o prometer una limosna en favor de las obras de apostolado de la Iglesia o de las obras salesianas.

 
Oración:
¡Oh María! Virgen poderosa grande e ilustre defensora de la Iglesia, singular Auxilio de los cristianos, terrible como un ejército ordenado en batalla, tú sola has triunfado de todas las herejías del mundo,
¡Oh Madre! En nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo y en la hora de la muerte llévanos al Paraíso. Amén.
 
San Juan Bosco decía:
“Tengan mucha fe en Jesús Sacramentado y en María Auxiliadora y estén persuadidos de que la Virgen no dejará de cumplir plenamente sus deseos, si han de ser para la gloria de Dios y bien de sus almas. De lo contrario, les concederá otras gracia iguales o mayores”.