Día 2: Novena de Navidad

Acto de Contrición

¡Señor mío Jesucristo, Divino y Eterno Verbo y Dios Encarnado en el seno de María Santísima! El amor que me tienes te hizo bajar del Cielo a la Tierra hasta ponerte en un establo. ¡Oh cuanto siento haberte cerrado las puertas de mi corazón, dándote con ellas en la cara y haciéndome sordo a tus divinas inspiraciones y llamamientos, cuando con tanto amor viniste a los desiertos del mundo a buscar la oveja perdida de mi alma y con tanto trabajo para llevarla a los apriscos de tu gloria!
Rompe, Señor, los cerrojos de este ingrato corazón mío con la luz y conocimiento de mi aborrecible ingratitud. Si buscar pesebre donde reclinar la cabeza, miserable pesebre es mi corazón. Consume con el fuego de tu amor hasta las pajas de mis imperfecciones, destruye las bestias de mis abominables culpas, las cuales, de todo corazón me pesa de haberlas cometido contra Ti y delante de Ti, por ser quien eres. Puesto que viniste al mundo a buscar no a los justos sino a los pecadores, yo soy el mayor de ellos y quien más que todos te ha ofendido. Confío en tu misericordia, me perdonarás y me darás gracias para saberte amar y servirte con perseverancia hasta el fin de mi vida. Amén.

Rezar el Santo Rosario y las Letanías Lauretanas

Segunda Jornada: 17 de diciembre

Qué dicha tan la grande la mía, ¡oh Inmaculada Virgen María!, de teneros por Madre y medianera entre el cielo y la tierra. Y esta mi alma pecadora se conforta al saber que, no obstante mis innumerables culpas, esperas impaciente mi arrepentimiento para hacerme partí­cipe de las bendiciones de tu corazón, guarda amoroso para quienes llegan a tus divinas plantas implorando misericordia y perdón de todas sus culpas. Bendita sea la misericordia de Dios por haber dispuesto que fueras nuestra intercesora y Madre de los pecadores.

Bendita sea tu pureza, ¡oh celestial Princesa!, como bendito también el castísimo san José. Así sea.